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ÓRGANO DEL PROYECTO ANARQUISTA METROPOLITANO
nº 14 NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2009
CONTENIDO
- Sobre las asambleas y los métodos de lucha
- Contención social
- Ciudadanismo
- Clase y obrerismo

Toma de posición

Liquidación de Luz y Fuerza del Centro: Despidos, y más ataques a nuestras condiciones de vida… ¡No a la defensa de la empresa!
¡Hay que luchar, pero no detrás de los sindicatos!

La noche del sábado 10 de octubre la Policía Federal ocupó todas las estaciones y centros de LyFC, acción a la par del decreto emitido por la presidencia anunciando el fin de esa empresa y el despido de cerca de 44 mil trabajadores, a los que -dice el gobierno- liquidará “por encima de lo establecido por la ley”. Esto ha hecho correr el desconcierto dando lugar a un estado de shock, rabia e impotencia… constituyendo así un golpe más a la clase proletaria por parte del Estado. Toda esta situación conlleva necesariamente a plantear métodos y respuestas que partan de nuestra unidad como clase.

El ataque nos repercute a todos ¡defendámonos unidos!
La crisis generalizada que golpea al mundo capitalista, obliga a que la burguesía de cada país lleve a cabo medidas cada vez más brutales, descargando los peores efectos de esa crisis sobre el proletariado. De este modo, con políticas de ajustes, se agravan más las condiciones de vida de todos los trabajadores, lo mismo en pensiones, salarios, prestaciones, etc. Por ser esta la manera que tienen los capitalistas para mantenerse con la nariz fuera del agua, todos los países están embarcados en “arreglar las pensiones” (¡a la baja!), en alargar los años para jubilarse; por todos lados los salarios se pulverizan, las jornadas de explotación son cada vez más insoportables y el desempleo es, al final, el remate de una vida de miseria cotidiana.
Lo que vemos en México no es pues algo “folklórico o un resbalón” en el capitalismo. El Estado, siendo representante de la clase dominante –la burguesía-, tiene la tarea de abogar siempre por sus intereses (lo mismo es con gobiernos de derecha o de izquierda). Liquidar a LyFC era ya un viejo proyecto de la burguesía, y si la había retardado era por el uso que hacían de la estructura sindical (recuérdese el apoyo que el SME dio al entonces candidato Carlos Salinas y que éste luego premió con la reconstitución de la empresa). Pero ha sido la crisis la que ha puesto a la burguesía ante una situación sin retorno, donde no puede ocultar la evidente realidad catastrófica que propició. A ello se suma la necesidad del capital de reformar sus sindicatos, no de destruirlos como mentirosamente clama el aparato de izquierda del capital ya que la burguesía no puede vivir sin el papel estratégico que la estructura sindical juega en el sabotaje y el encuadramiento de las luchas proletarias encauzándolas a falsos terrenos.. En carne viva los trabajadores conocen el chantaje y el yugo del sindicato para controlar el descontento y sabotear la movilización que los lleve a la realización de sus verdaderas aspiraciones. Pese a todos los bellos discursos, en los hechos los sindicatos son enemigos del proletariado, puesto que la burguesía requiere de ellos para someter mejor y sutilmente a los explotados. La enorme campaña de desprestigio ante la “opinión pública” desatada meses atrás contra este sector de la clase proletaria los mostró como “privilegiados”, “ineficientes” etc. a tal punto que hoy muchos trabajadores tienen dificultades para ver el ataque a los electricistas como un ataque contra el cual hay que oponerse (¡hoy son ellos, mañana seguirán otros!). Los explotados no podemos avalar las mentiras de la burguesía y sus acólitos, el cierre de LyFC no es un “beneficio para el pueblo mexicano”, es un ataque frontal contra el proletariado en su conjunto. Las nuevas contrataciones (¿de cuántos de esos 44 mil trabajadores?) serán, no hay duda, en condiciones laborales peores, mientras muchos de éstos serán condenados al desempleo puro y simple. La burguesía y todo su aparato político están machacando y haciéndonos aceptar el siguiente mensaje: puesto que los electricistas no pudieron hacer nada a pesar de contar con una “sindicato poderoso”, por tanto, todos los trabajadores tendríamos que agacharnos ante los designios del capital y su Estado y resignarnos a ver nuevamente reducidas nuestras condiciones de vida… ¡No, el proletariado no puede abandonar su lucha contra el capitalismo! Los ataques de hoy son sólo el anuncio de lo que nos espera si no nos oponemos como clase. Por eso, frente a la serie de ataques que se han venido reproduciendo en los últimos años junto con el alza de precios y represión intensificada (con el reforzamiento del aparato policiaco-militar); se torna imprescindible que todos los sectores del proletariado –empleados y desempleados, trabajadores formales e informales- reconozcan y realicen su unidad, y para lograrlo es indispensable identificar a nuestros enemigos.

Sindicatos, gobierno y partidos políticos: ¡todos ellos son nuestros enemigos!
Para llevar a cabo este ataque sin la menor traba, todas las fuerzas de la clase dominante se dividieron la faena: unos creando una división entre los electricistas en una estéril lucha interna entre facciones sindicales mediante elecciones. Unos más pintaron los ataques a las condiciones de vida como “ataques al sindicato y a las libertades democráticas”… y otros por su parte crearon un ambiente de linchamiento presentándolos como los “privilegiados”. Ese panorama facilitó la estrategia para arrastrar a muchos obreros a una lucha visceral por la “defensa del sindicato”, o bien, en la “defensa de la empresa y de la economía nacional”, consignas que son una estrategia óptima para lograr que cualquier sector del proletariado olvide sus reivindicaciones como clase explotada. Tras el golpe, esa campaña la arrecian y aprovechan la sorpresa momentánea para extender la derrota y la desmoralización. En este golpeteo intenso, el sindicato ha jugado un papel reaccionario muy importante. Por eso, intentar luchar tras el sindicato es dirigirse hacia la derrota… puesto que fue el sindicato en unión de las demás fuerzas del Estado quienes metieron en este atolladero a los trabajadores, no serán ellos los que les empujen al combate, muy al contrario. Ejemplo de ello es que ahora el SME levanta la idea de que esto puede resolverse librando una batalla “legal, en los tribunales”, llevando nuevamente a los obreros por los impotentes caminos de los amparos burocráticos y las defensas jurídicas, ¡recordemos cómo la estructura sindical ante la modificación de la ley del ISSSTE generó la dispersión, desvió el descontento y terminó con la movilización, con el uso de los amparos jurídicos! El terreno jurídico y legalista al que el sindicato busca llevar el descontento es un terreno de desgaste estéril, pues en éste, el proletariado no actúa como clase sino como ciudadanos que respetan y defienden “el sistema de leyes”, sistema legal que es a su vez el que legitima su condición de precariedad y ruina. Es claro que el papel de los sindicatos no es el de conducir a la unidad e impulsar la expresión de una real solidaridad, sino el de dividirnos; el hecho de que el gobierno pueda hoy asestar tal golpe a los electricistas no es un rayo en cielo sereno, esto ha sido posible gracias al trabajo de división realizado durante años por todos los sindicatos. La estrategia de la burguesía para hacer pasar definitivamente su golpe es desviar el descontento real existente entre los obreros de la electricidad e impedir que la solidaridad de sus hermanos de clase se exprese, para ello seguirá usando todas sus fuerzas y tratarán de llevar esas respuestas al terreno de la defensa de la nación y de los sindicatos, es decir, nos encajonarán en un combate que no intente cuestionar al sistema de explotación capitalista y, finalmente, dirán que podremos expresar nuestro descontento con el voto en el próximo circo electoral…

Luchar unidos, buscar la solidaridad como clase… ¡no hay otro camino!
La solidaridad no es una pantomima sindical donde un cacique le declara su apoyo a otro, tampoco es el ficticio “apoyo moral”. La verdadera solidaridad se da en, y por la lucha. Hoy, como en todo momento y situación similar, el sector de electricistas está siendo atacado y el resto del proletariado debe expresar la verdadera solidaridad, que no es otra que el impulso al combate donde no haya distinción entre desempleados y activos, entre sectores, ni entre regiones. Para que la verdadera solidaridad se exprese los trabajadores deben impulsar asambleas abiertas a todos los proletarios (activos y desempleados y de otros sectores) donde se discuta ampliamente la situación que enfrentamos todos y el descontento se transforme en movilizaciones controladas por los propios trabajadores y no por la estructura sindical. El sindicato para completar el golpe buscará aislar a los electricistas de sus hermanos de clase y enrolarlos en movilizaciones que como la que promueve López Obrador sólo buscan encuadrar y maniatar a los trabajadores para evitar que busquen sus propios medios de lucha, entrampándolos en la falsa discusión empresa estatal-empresa privada; por eso ante los ataques que vienen por todos los flancos, los trabajadores deben reflexionar conjuntamente, al margen y en contra de los sindicatos, para organizar una respuesta de lucha e intentar detener los ataques. Si dejamos esto en manos de los sindicatos y los partidos políticos, estamos una y otra vez condenados a la derrota. Un grito de guerra del proletariado recorre de nuevo el mundo “La emancipación de la clase proletaria será obra de ella misma” y hay que recordar que los explotados ¡no tenemos nada que perder, sólo nuestras cadenas!

Octubre del 2009

Grupo Socialista Libertario http://webgsl.wordpress.com/ enlace.gsl@gmail.com

Revolución Mundial Sección en México de la Corriente Comunista Internacional http://es.internationalism.org/ mexico@internationalism.org

Proyecto Anarquista Metropolitano

larevancha_ahuizote@hotmail.com

ni más pasividad ni más sacrificios

MÁS IMPUESTOS Y DEGRADACIÓN EN LAS CONDICIONES DE VIDA DEL PROLETARIADO NO REPARAN LAS CRISIS NATURALES DEL CAPITALISMO.


Durante el pasado mes de agosto del año en curso (2009), el secretario de economía Agustín Carstens declaró públicamente acerca del famoso “Shock Económico” afirmando que nos encontrábamos en el más profundo shock desde hace 30 años.  Después, en el Tercer Informe de Gobierno, el propio presidente en turno, se planteó “cambiar de fondo” a México y sin embargo; en ese mismo discurso proclamado el pasado 2 de septiembre, contradecía con sus propias palabras dicha propuesta al aseverar que “…en un esfuerzo de todos…” se debería “…frenar el crecimiento de la pobreza, para mitigar los impactos negativos que la crisis alimentaria y económica mundial…(dejó)” con lo cual cabe plantear esta interrogante: ¿A qué se referían con frenar y mitigar esos efectos negativos.
Para el 8 de septiembre, Calderón dio a conocer el Paquete Económico para el 2010, ello, junto con lo expuesto por  el secretario de Hacienda y Crédito Público y la propuesta presentada ante la Cámara de Diputados, acompañado con la premisa de una política de austeridad para la recaudación de fondos presupuestales; se procedió a la disolución de algunas secretarías, seguido de una serie de reformas entre las que se encuentran: un impuesto nuevo del 2% a todos los bienes y servicios; el retorno de los aumentos mensuales al gas LP y gasolina; aumento del Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS)  sobre gravámenes en productos como: el cigarro, cervezas, vinos y licores, servicios como internet y telefonía celular, televisión de paga; aumento en el Impuesto Sobre la Renta (ISR) de 28 a 30 %; y recortes al sector de Cultura y Educación.
Bajo este contexto, es más que claro que las medidas -o escupitajos en la cara- que pretende poner en marcha el gobierno, no significarán en forma alguna un cambio positivo para nuestras condiciones de vida, sino que dichas premisas que plantean el “combate a la pobreza mediante la recaudación de recursos”, constituyen  una cortina de humo a un panorama que orilla al proletariado a someterse a condiciones de existencia cada vez más insoportables.
De igual manera, la realidad demuestra que por el hecho de que el gobierno carezca de recursos económicos, ello no significa en modo alguno que si los tuviera los emplearía en nuestro beneficio; ya está demostrado que durante los periodos en los que el capitalismo atraviesa por crisis, el Estado tiene como prioridad rescatar de la quiebra a las empresas y a los bancos, solventándoles con liquidez -es decir, dinero-. Lo mismo que “en tiempos de estabilidad” una abundancia en recursos por parte del Estado sólo propicia el crecimiento de privilegios para las burocracias y funcionarios, en detrimento de una constante baja en los salarios de los trabajadores.
Es más, todas la medidas empleadas en la recaudación de recursos, ni siquiera sirven para enderezar  el ritmo de la economía dentro del capitalismo, por el simple hecho de que éste es un modo de producción mundial y no local, que ya venía agudizando las contradicciones en su seno. Las cuales fueron evidenciadas estos últimos años con la crisis alimentaria, energética y la caída de los centros financieros de Wall Street y las bolsas de valores en el mundo. Crisis que arrastra como antecedentes la especulación en el terreno de los combustibles y energéticos -que incrementaron su precio-, lo mismo que en los alimentos, y finalmente concretada por más especulación, esta vez en el ámbito hipotecario: conllevando al  endeudamiento hacia con los bancos por las cada vez mayores solicitudes de créditos, cuyos intereses a pagar se acumularon conforme a la imposibilidad de pagarlos; lo cual trajo como consecuencia que los bancos se quedaron faltos de liquidez crediticia. El resultado: desempleo en  aumento, en cifras nunca antes registradas.
Esta situación  propicia -como siempre- una gradual descomposición social que desemboca en un circulo vicioso (evidenciado en el paro(1), en los índices altos de violencia por delincuencia, el aumento de hambrunas y epidemias, etc.) que al mismo tiempo es el resultado de un sistema en decadencia que la clase dominante -la burguesía- se empeña en preservar. Hecho que no puede llevarse a cabo sino mediante políticas que exhortan a un mayor “sacrificio” realizado por parte de la clase a quien gobiernan: el proletariado.  
Es necesario señalar aquí, que a este último rubro no sólo pertenecen los obreros con overol y casco de las fábricas o los desempleados, sino a todos aquellos situados en la desposesión de los medios para construir su propia vida, los medios de producción. Esta desposesión, premisa y resultado de la relación capitalista, condiciona nuestra forma de estar en el mundo, obligándonos a mantener determinadas relaciones con los que nos rodean. Despojados de los medios de producción, el capitalismo nos ofrece como solución para vivir, la venta de nuestras capacidades creativas (físicas y mentales), convenientemente mutiladas en fuerza de trabajo. El trabajo asalariado es la condena que día tras día padecemos millones de proletarios.

Frente a la ola de miseria y precariedad generalizada que el Estado y la burguesía intensifican con sus reformas; el proletariado debe comprometerse a llevar a cabo diversas tareas para combatir esta embestida:

-Debemos romper con las políticas de “sacrificio” para rescatar a las empresas de la crisis, al igual que hacer ruptura con el mito sobre “la economía nacional” que la burguesía, sus aparatos ideológicos (medios de comunicación, junto con los partidos de izquierda y derecha) procuran imponernos; los recortes a nuestro salario y el aumento sobre los impuestos que nos vemos obligados a pagar son hechos que sólo pueden ser contrarrestados con la movilización contundente de los explotados.  Aún cuando la totalidad de nuestro mísero salario, fuera directamente a las arcas del Estado, eso no ayudaría a dar una salida (ni siquiera relativa) a la crisis.
-Por otra parte, el discurso de que la crisis la paguen quienes la ocasionaron es simple engaño, puesto que, lo que se intenta no es salvaguardar los intereses de los sometidos a la dictadura del capital, sino resguardar un sistema económico que se maneja con sus propias leyes. Por tanto, tal consideración, o mejor dicho tal tomada de pelo, se mantiene dentro de las ataduras que impone el sistema económico: “en vez de que una crisis la paguen los proletarios; mejor que la paguen los capitalistas”; anunciamos por adelantado, que al afirmar esto, se acepta el régimen de explotación en vez de cuestionarlo. Se juzga mal que los trabajadores se vean más constreñidos en esta crisis, pero hasta ahí. 
Entendámoslo, esta “salida” que vienen a insinuar los voceros de la burguesía tiene que ver con la delegación que debe hacer la masa explotada a sus dirigentes para que ellos decidan qué y cómo se hará para superar la dichosa crisis (aguantar, trabajar más y cobrar menos), con el fin de regresar a la relativa comodidad del mercado en tiempo de “crecimiento económico”. Suponiendo que los especuladores capitalistas “pagaran” una crisis -aunque el sólo hecho de mencionarlo suena ridículo-, el capital que se necesitaría para restablecer la “armonía del mercado” vendría gracias a una serie de medidas que los patrones, empresarios, corporaciones, impondrían a la masa trabajadora, (las cuales ya están siendo adoptadas en este momento, muy a pesar de que la crisis no la “paguen” sus provocadores).
-Sólo la fuerza del proletariado organizado como clase, posibilita el mejoramiento real de sus condiciones de vida y abre posibilidades cada vez mayores de clarificarse a sí mismo, acerca de que su situación sólo puede ser mejor si destruye de raíz las estructuras (es decir, las causas primeras) que lo mantienen en una incesante ruina, del paro, la marginación y las continuas políticas de apretarse “el cinturón” que la patronal y los funcionarios del gobierno le imponen con el supuesto fin de “rescatar la economía nacional”, que no es otra cosa que salvaguardar los  intereses económico y políticos de la clase dominante.
Tomando como principio la solidaridad y el apoyo mutuo, que cada sector del proletariado, de cualquier rama industrial, sea cual sea su condición social (empleado o desempleado, trabajador formal o informal), emprenda constantes luchas contundentes y generalizadas en las cuales las conquistas obtenidas por demandas inmediatas, no constituyan  concesiones otorgadas por el capitalismo; hasta el punto de abrir posibilidades reales para el empleo de métodos revolucionarios concretos, y que hagan comprender que luchar por reformas son maneras ingenuas e inútiles que únicamente buscan “hacer más soportable nuestras condiciones de subsistencia dentro del modo de producción capitalista”, y que ningún gobierno (sea de izquierda, centro o derecha) nos proporcionará el bienestar que necesitamos. 
-Organizarse al margen y en oposición a todos los sindicatos y partidos para emprender la movilización que tenga por objeto la creación de asambleas generalizadas que involucren y concreten la participación de cada vez más sectores del proletariado, rechazando todo centralismo, dirigencias y estancamiento de la lucha, y por el contrario, buscando que esta última sea coordinada o respaldada con las luchas que los otros sectores de la clase obrera desarrollen a la par. Que para la coordinación entre las distintas asambleas surgidas en varios lugares, las delegaciones y comités designados para dichas tareas (donde se toma como referente la aptitud, disponibilidad o capacidades notadas en estos delegados) sean en todo momento revocables y solamente cumplan la función de ejecutar lo acordado en el consenso (este último, logrado como producto de las discusiones entre todos los participantes), sin gozar de mérito o privilegio alguno sobre el conjunto de la asamblea.
No podemos permitir ni esperar a que los sindicatos y partidos se monten sobre esta coyuntura posicionándose como los “defensores de nuestros intereses” cuando lo que en realidad buscan es apaciguarnos para no luchar decididamente contra el capitalismo. La práctica de huelgas salvajes (huelgas que se ejecutan fuera del ámbito legal, sin consentimiento de las juntas de conciliación y sindicatos), movilizaciones propagandísticas  y expropiaciones, deben marcar el camino hacia la extensión de la lucha que necesitamos.
-El internacionalismo proletario permitirá entendernos y asumirnos como clase explotada mundial que combate la explotación, no de una manera aislada,  sino que así como en México la clase desarrolla sus luchas, éstas tienen lugar a su vez, en todos los rincones del mundo (como ha venido sucediendo en Inglaterra, Argentina, China o Alemania), la emancipación debe ser total y no parcial, siempre teniendo como base al mismo objetivo: la extensión de la lucha de clases en contra del trabajo asalariado y la explotación que son sustentadas por un sistema en perpetua contradicción y decadencia: el Capitalismo.

¡Al Estado y al Capital
no se les reforma ni se les mejora;
se les destruye!

(1)El desempleo según el Banco Mundial el mes pasado, aumentó en 4.2 millones de personas.

VOTAR ES LEGITIMAR NUESTRAS CONDICIONES DE EXPLOTACIÓN; ES AVALAR LAS ESTAFAS Y MENTIRAS DEL CIRCO ELECTORAL.


La Democracia: es el modelo predilecto de gobierno en el sistema económico capitalista actual, ha logrado que el sometimiento de la clase proletaria del campo y las ciudades, sea posible por medio de un procedimiento que se lleva a cabo de manera más formal. El conjunto de la burguesía: empresarios, partidos políticos y sus voceros ideológicos, los medios de comunicación; quienes en conjunto, promueven cada cierto periodo el montaje de un espectáculo que les es útil como cortina de humo ante una realidad que delata cada vez más una insostenible situación para quienes vivimos de nuestra fuerza de trabajo: las elecciones.
     De éste modo, quieren hacernos creer que las condiciones de marginación, carencias, embrutecimiento y explotación se deben a factores complejos, desde la “mala administración de recursos derivada de los  gobiernos pasados o en turno” o “crisis internacionales”. Con estas y otras patrañas se busca que asimilemos una condición falaz e inexistente de ser “Ciudadanos” “libres de elegir y cambiar legalmente el orden social que más se adapte a nuestras aspiraciones”, claro ésta, por medio de designar gobiernos y representantes a través del sufragio, donde se determina por medio de una “mayoría” de votantes los ganadores de esa contienda, quienes asimismo, se encargarán de dar solución a nuestros problemas y necesidades.
El abstencionismo y la incredulidad política son insuficientes e ineficaces si no se desligan de la apatía y la pasividad; la clase trabajadora debe autoorganizarse para la mejora de sus condiciones de vida:
     Pese a que cifras oficiales indagan que el abstencionismo en este periodo electoral será posiblemente mayor al 60%, resultado del escepticismo hacia los partidos políticos que prometen hasta lo imposible, sumado al descontento por el derroche millonario de las campañas (por demás patéticas, dado el grado de estupidez y retraso mental del que hacen gala los payasos que promueven sus candidaturas), han dado pie a que las propias campañas del IFE, gobiernos y hasta el Clero a favor del voto, resulten poco efectivas.
     Sin embargo, ese factor de incredulidad y escepticismo hacia los gobiernos entrantes y salientes por parte del proletariado, no significa del todo, un elemento a favor de éste para mejorar sus condiciones. Esto se debe a que, el abstencionismo denota más el conformismo y la resignación que apostar por un cambio emprendido por los explotados mismos, trayendo consigo  perjudicialmente, que se acepten cada vez más las limosnas que los gobiernos ofrecen para mantenernos pasivos.
     Si bien, es necesario que como clase, rechacemos de una buena vez y por completo la demagogia que todos los partidos políticos, medios de comunicación, sindicatos y todo tipo de líderes aspirantes a la dirigencia gubernamental, emplean para aborregarnos en torno a la defensa de intereses ajenos a los nuestros: defensa de libertades democráticas y derechos civiles avalados en la constitución, defensa de la patria y la soberanía, defensa de la democracia… Tampoco hay alternativa alguna en abogar por cambios de gobierno y gobernantes, aún por los que se pudieran considerar como un mal menor (“el candidato menos peor”), porque sean de izquierda o de derecha, se encuentran siempre a lado de un mismo sistema que es el capitalismo, del cual son siempre sus más abiertos defensores. Y ello se debe a que el Estado cumple la función de mantener las desigualdades mediante la defensa legal del sistema de propiedad privada, es decir, del derecho que permite que una minoría poseedora de los medios de producción (recursos naturales, industria, maquinaria, etc.) y de consumo, sacar ganancias de la rentabilidad que obtiene de éstos a cambio del trabajo productivo que desempeñamos para enriquecerle.
     Por otra parte, es de suma importancia señalar la cuestión del “voto en blanco o nulo” como supuesta alternativa, o bien, como modo de demostrar inconformidad al sistema de partidos. Nosotros como explotados y revolucionarios, entendemos que las deficiencias que pueden generarse en el entorno del sistema político o en el entorno gubernamental (corrupción, nepotismo, desvió de recursos, clientelismo etc.),  no son otra cosa que el producto de la naturaleza del Estado, de las necesarias luchas intestinas –para ellos, claro-, que se generan para posicionarse en los “altos puestos” y así  permitirse el incremento de privilegios económicos y políticos.
     Por lo tanto, no ayuda en nada el empeñarse en seguir dando pruebas de la ya evidente  “ineficacia de los servidores públicos”, puesto que el problema de raíz reincide en las mismas estructuras que éstos últimos procuran mantener funcionando, en el hecho mimo de que el Estado figura como el administrador de servicios y recursos mediante el cobro/robo de impuestos, los cuales le permiten condicionar y conservar el sometimiento de los explotados, es decir, que éstos últimos sean quienes paguen el circo electoral que los tima, el sueldazo y los lujos de sus representantes, la policía que les golpea cuando protestan y transgreden el Estado de derecho, o bien, las penitenciarías, cuando por sus condiciones de marginación se ven orillados a delinquir para obtener un ingreso que les permita sobrevivir.
     ¿Qué la clase empresarial también paga impuestos y hasta cantidades mayores a los nuestros? Si, pero en efecto, como lo evidencia la realidad, la administración de esos impuestos no va ni nunca irá dirigida a nuestro beneficio, y esto es porque el sistema que hasta ahora el proletariado sostiene y legitima en las urnas, es un sistema que desde su imposición se encuentra totalmente en su contra.
     Por otro lado, el Progreso, evocado por los servidores de cargos públicos que se atribuyen realizar con sus mandatos y sus leyes, no es realmente otra cosa que simples necesidades sociales cuya realización es posible aún prescindiendo de toda  burocracia. Pues acaso, ¿Los gobiernos son los realizadores de todas las obras e infraestructuras, puentes, hospitales, carreteras etc.? ¿Los funcionarios son los llamados a realizar la exclusiva tarea de administrar eficazmente los recursos naturales, las comunicaciones, el transporte, la sanidad, la educación, los medios de  producción y la distribución de la producción obtenida? En apariencia esto puede parecer cierto. Pero la realidad resulta contraproducente a los discursos de la  democracia y toda teoría que pugne por la existencia de una dirección de élites hacia las masas ignorantes. La totalidad del funcionarismo gubernamental, no realiza más que una labor parasitaria que tiende a adjudicarse méritos en aquello que no ha sido ni por mínimo indispensable. Todo lo construido, todas las obras y la realización de los servicios son fruto directo del trabajo productivo que desempeña el conjunto de la clase trabajadora (aún pese a la dirección de ingenieros o especialistas –quienes también son explotados-, pero que no va más allá) con su labor y sudor. ¿El gobierno ejerce la iniciativa y otorga los presupuestos para su ejecución? Si, pero como ya comentamos, esto no sería posible sin el cobro de impuestos que los mismos trabajadores se ven obligados a pagar al Estado, porque éste es quien tiene, a final de cuentas, la legítima facultad de monopolizar o privatizar los recursos, lo que le otorga las condiciones adecuadas para imponer los modos de vida serviles, mismos a los que se deberá subordinar la clase trabajadora.
     Por ello, no hay utilidad alguna en bregar por la “defensa de las libertades” que el gobierno otorga para que la ciudadanía le exija una mejor y más eficiente administración de los recursos, lo único que se logra es reforzar la creencia ciega en la existencia de “buenos” gobernantes que velan por nuestro bienestar,  olvidando por completo las evidentes contradicciones, que delatan la verdadera manera de actuar de todos los partidos políticos, que pese a sus discursos (repletos de promesas demagógicas como justicia, equidad, combate a la pobreza, oportunidades, empleo, seguridad social…..) no velan por otra cosa sino por sus intereses de clase burguesa.        
     Es de suma importancia remarcar también el hecho, de que todos los partidos y la totalidad del sistema político, se manifiestan siempre a favor de la profesionalización del aparato coercitivo del Estado (un perfeccionamiento en el sistema policial, militar y carcelario), reforzando las medidas de control para garantizar la “seguridad de la población” frente a la delincuencia.
     Dichas medidas, que sólo sirven de camuflaje para remediar con parches los problemas -en este caso la delincuencia- que son producto y consecuencia del mismo orden de desigualdad social que el mismo gobierno se encarga de preservar con el mantenimiento del capitalismo. Cumplen además otro objetivo, con la retórica de llamada a mantener la unidad nacional, cuando el descontento engendre la organización del pueblo trabajador para tomar parte en la defensa de sus intereses, el Estado y el Capital ya tendrán las condiciones adecuadas para generalizar el terror represivo contra la subversión y los sediciosos, creando temor e incertidumbre que llevara a un ambiente de resignación y apatía total. 
     No nos engañemos, de nada sirve que el Estado nos rinda cuentas sobre el presupuesto, añorando inútilmente una buena administración por parte de quienes dictan las políticas que nos mantienen en la precaria ruina, el desempleo, las carencias constantes o simplemente la incertidumbre de saber si mañana una nueva crisis económica nos dejara en la calle.     
     Es momento de plantear el mejoramiento de nuestras condiciones, a partir de la toma de conciencia y la necesidad de organizarnos, empleando principios como la asamblea, el consenso, la acción directa y el apoyo mutuo, mediante la agitación militante; generalizando la lucha de clases, para que las mejoras constantes obtenidas no constituyan simples reformas ni concesiones otorgadas de las burocracias o ayudas humanitarias de los empresarios y del Estado. 
     Cuando la capacidad creadora de los trabajadores y sectores explotados se impone y hace latente, poniendo de sí misma su esfuerzo, voluntad y necesidad de organizarse como clase para la realización de sus necesidades, excluyendo de sí la posibilidad de delegar en autoridades y poderes que jueguen el papel de intermediarios para la realización de dichos intereses (como líderes, políticos y mandamases). Ya sea a nivel industrial, agrícola, regional y en todos los aspectos necesarios para el funcionamiento de la actividad social, es posible la revolución social y la posterior operación y progreso al margen de todo gobierno en una sociedad organizada sin cabida para las clases parasitarias.  
     Y aunque ciertamente, reiteramos que, ni el voto ni el abstencionismo representan la salida directa a nuestros problemas, el abstencionismo, hoy día, refleja el síntoma del malestar social generalizado de la clase explotada, que deberá plantearse embestir la causa (el Capitalismo y el Estado) y no el efecto efímero que le aqueja, seguido de la toma de conciencia, del hecho que, hemos entendido a la vía gubernamental como algo que no concierne a nuestros intereses, de que no le concedemos a nadie el derecho a gobernarnos ni a dictar nuestro modo de vida, y que a partir de ahí, podemos persuadir desde el anarquismo la vigencia de la acción revolucionaria, para lograr la reconstrucción social en una verdadera libertad e  igualdad de condiciones.

¡Ni Dictaduras Ni Democracia! ¡Comunismo Libertario!

+ de militarización


“GUERRA CONTRA EL NARCOTRÁFICO” : LA MILITARIZACIÓN Y EL FORTALECIMIENTO DEL ESTADO POLICIAL SÓLO ASEGURAN EFICAZMENTE EL MANTENIMIENTO DE NUESTRAS CONDICIONES DE EXPLOTACIÓN


Resulta ya innecesario a estas alturas, evidenciar que en México a raíz del ascenso de Calderón a la presidencia y su prioritaria “guerra al crimen organizado” que puso en marcha con la salida del Ejército a las calles, la ola de violencia y ejecuciones ligadas a las pugnas inter-burguesas entre el narcotráfico, se han disparado a niveles de cifras nunca antes presenciadas.
Simplemente la cantidad de recursos –tanto económicos como de efectivos-  canalizados hacia la lucha contra el narco delata la magnitud del problema: participan en esta guerra 45 mil efectivos del ejército (la tercera parte de sus fuerzas), de los cuales 8, 500 han sido destacamentos para controlar la violencia sólo en Ciudad Juárez. No resultando de ello nada novedoso que el mismo ejército y sus altos mandos penetrados por el poder influyente del narco (además de la creciente deserción habida en el ejercito, de la cual gran cantidad pasa directamente al bando enemigo), con el fortalecimiento de éste último ya es inútil la fuerza del Estado para reparar una situación que se le salió de control, que ha sido sólo posible, gracias la natural corrupción existente en el gobierno a través de sus tres niveles (federal, estatal y municipal).
            Militarización de la frontera y las falacias de la Soberanía Nacional: El gobierno de los Estados Unidos ha considerado a México un territorio de “ingobernabilidad” por los altos índices de violencia que se incrementan a diario pese a las hazañas heroicas desempeñadas por la institución castrense –captura de altos capos, decomiso de arsenal y drogas, que parecen no afectar en lo mas mínimo las estructura económica de los narcos-. La preocupación de la Casa Blanca expresa que la violencia generada entre los cárteles de la droga desestabilizará al gobierno mexicano, pudiendo rebasar la frontera e invadir la prosperidad de los EEUU.
Lo cierto es que curiosamente, pese a que tanto el gobierno mexicano como el norteamericano no vacilan en desligarse de responsabilidades sobre el asunto de la “inseguridad”, ambos gobiernos evaden el hecho de que la mayor parte del armamento decomisado proviene de la industria norteamericana, es decir, su producción es exclusivamente estadounidense (ejemplo: los lanzagranadas m-70), por lo que cabe preguntar ¿Cómo resulto posible su adquisición por parte del narco?
Por ello, Estados Unidos mediante acuerdos como el Plan Mérida o el Plan México, pretende desde la financiación para el reforzamiento del aparato policiaco-militar, hasta el envió de tropas a la frontera; A esto  los turbios críticos del gobierno en turno, califican tales hechos como un ataque a la soberanía nacional del territorio mexicano. Es absurdo a estas alturas hablar de soberanía nacional,  un concepto gastado sin vigencia alguna, puesto que los Estados nacionales están inevitablemente orientados a someterse a la economía de libre mercado, es decir que lo único que a Norteamérica preocupa es la proliferación de sus intereses empresariales en sus países subordinados como Irak y Afganistán, siendo que el país vecino México no escapa a ello al ser atado por acuerdos como el ASPAN y el TLC.
La llamada soberanía nacional pretendida que todos se atribuyen defender,no es más que un concepto trasladado a un discurso o justificación útil para adornar las aspiraciones de todos los partidos políticos, de izquierdas y derechas, por igual. Ocultando el hecho de que lo primordial para todo Estado, al que pretenden escalar, en su totalidad, es defender y garantizar la existencia del capitalismo, es decir el derecho de propiedad privada, que permite a una minoría (que detenta los medios de producción, servicio y consumo) vivir e expensas del trabajo de la inmensa mayoría; poco importa en este caso, se trate de capital extranjero o nacionalizado. La clase trabajadora no tiene ningún deber de hacer concesiones para la defensa de ningún gobierno.
                         Protestas contra la militarización y desprestigio de los medios: El empeño del gobierno federal en vanagloriar la lucha del ejército contra los traidores a la patria, argumenta su necesidad permanente  hasta que la policía local esté nuevamente capacitada para llevar a cabo esa lucha. En una situación equiparable a las dictaduras del siglo pasado en Latinoamérica, con el ejército en las calles se ha dado pie a que los cuerpos militares estén facultados a perpetrar libremente abusos en contra de la población civil –porque en realidad  es esto contra las clases explotadas y pobres del país-. Los constantes hostigamientos presenciados en las localidades sitiadas, generalmente comunidades pobres o donde haya presencia de organizaciones populares opositoras al gobierno, se han llevado a cabo mediante cateos violentos, violaciones, detenciones, intimidaciones e interrogaciones repentinas a transeúntes sin razón alguna. La actitud prepotente de los militares paseando con sus armas, los ha situado en una posición de privilegio casi absoluto, dueños de la situación, impunemente se han dado el lujo de realizar actos tan nefastos como abrir fuego contra familias que por descuido evaden los retenes en las autopistas.
Todas las numerosas historias de abusos y agresiones que pudieran hacerse públicas, lo mismo que las manifestaciones de protesta contra el auge de militarización que han tenido presencia en diferentes provincias del país; Todo ello, es por obvias razones encubiertas por el gobierno; Sin duda, a pesar del ejemplo de las protestas habidas en Monterrey (bloqueos a carreteras y levantamiento de barricadas) donde se pudo comprobar la financiación del narco (Manifestantes entrevistados en los medios comerciales, admitieron que se les pagaba entre 200 y 1000 pesos, que las mujeres recibían más dinero y las mujeres con niños pequeños recibían más. Cabe decir, que esto hecho sólo es entendible por el resultado de las condiciones marginales en las que se vive hoy día, las que orillan a ceder realizar este tipo de actos por una poco rechazable cantidad de dinero) sería también absurdo generalizar la totalidad de las protestas, comparándolas a este caso.
Pero a excepción de Monterrey, las protestas registradas en Lugares como Veracruz, Hidalgo, Sinaloa, Michoacán y la recién militarizada Chihuahua; Tenían fundamento, precisamente, por ser promovidas por las organizaciones sociales (en su mayoría campesinas o de derechos humanos), residentes de los lugares donde se han presenciado los ejemplos de abusos antes señalados.
Toda la criminalizacion de la protesta emprendida por la clase política y burguesa, tiene el claro objetivo de estancar y enajenar  la mentalidad del resto de la clase trabajadora que no es conciente de la grave situación, haciéndoles creer a la ciudadanía en la necesidad de sofisticar las instituciones represivas y reforzar las medidas de control, con el fin de facilitar al Estado, la orientación de su campaña contrainsurgente, mayormente llevada a cabo en municipios indígenas, donde su pretexto es el de buscar “gente armada”, el ejército incursiona perturbando la vida cotidiana de los campesinos manteniendo un estado de total sumisión.  
            Crimen y violencia, resultantes lógicos del sistema Capitalista: La burguesía y los partidos políticos, a través de la falaz democracia, vierten propuestas mostradas como ineludibles para acabar con los malos que atentan contra la integridad de las personas, tales como la pena de muerte, o la ya comentada profesionalización de los aparatos coercitivos, al fin y al cabo, todos a favor de que el Estado simule acabar con la delincuencia organizada con el apoyo de la ciudadanía.  ¿Pero qué es la delincuencia sino el inevitable resultado, por demás lógico, de las condiciones precarias, de carencia y explotación en la que vivimos sometidos a diario? Un orden social injusto determina que unos pocos (por su posición de poder y privilegio) sean quienes dicten las circunstancias de vida de la inmensa mayoría constituida por  los sectores trabajadores, campesinos, explotados y marginados, que se ven obligados a someterse a la dictadura del dinero, condicionados a sobrevivir  con carencias, deudas y precariedad; Todo ello crea el campo de cultivo al consumo de drogas, visto como alternativa a los problemas engendrados por la situación.
Hoy, sobre todo en un panorama de severa crisis económica que no ofrece a los desposeídos ninguna expectativa de vida en un futuro más o menos próspero, no es de extrañar que las nuevas generaciones estén expuestas a involucrarse en aparentes alternativas que prometen sacarlos de la miseria en que se encuentran, por ello no es extraño ver que las filas del narcotráfico cuentan con campesinos o jóvenes de barrios marginales. Evidentemente, varias son las causas por las que ciertos individuos se inmiscuyen en el mundo del crimen; ya sea por haber sido arrojados por la miseria, estimulados por el medio social degradado o simplemente por no agradarles la idea de trabajar arduamente para vivir (tal y como lo hacen todos los capitalistas, a diferencia de que ellos sí poseen los medios legales que les permiten llevar esa vida de opulencia), por ello buscarán la vida (aparentemente) fácil, la cual, la encuentran en el robo, la prostitución y sin lugar a dudas al narcotráfico.
Mientras existan las clases y las jerarquías es decir, que las personas tengan que rebajarse para asegurarse cierta plenitud, existirá lo que se conoce como “delincuencia”, por lo cual resultará en todo momento absurdo, todo intento por parte del Estado en reparar o erradicar el crimen. Es por ello que el existente problema social de lo conocido como crimen, siempre prevalecerá bajo el capitalismo porque es la consecuencia ineludible de la preservación de los privilegios de las clase Burguesa, y por tanto, el reforzamiento de la seguridad es la libertad con la que el Estado actúa para mantener el sometimiento de los explotados a los explotadores. Así toda eventualidad como las continuas alzas de precios en la canasta básica, o cualquier dificultad impuesta sobre el acceso a necesidades básicas (educación, salud, ocio) a costa del enriquecimiento de las minorías, toda inconformidad surgida de ello será aplastada sin la menor reserva.
La militarización que se está llevando a cabo en el país, es precisamente un método para crear ese estado de incertidumbre y docilidad que los Privilegiados necesitan: la incapacidad del pueblo trabajador para rebelarse y mejorar sus condiciones de vida, mismas que sólo son posibles mediante su organización en pos del derrocamiento de las estructuras que lo someten.
            La única vía para barrer con la violencia es la destrucción de las condiciones mismas que la generan: Tanto para el Narco como para el Gobierno y la Burguesía, resulta benéfico la criminalizacion de la protesta, así como inaceptable la toma de conciencia por parte de la clase trabajadora y los pobres del país. No existe motivo alguno para seguir tolerando la agudización de esta situación, la cual sólo promete un panorama de intensificada represión que sólo traerá consigo condiciones de control muy eficaces que tornarán imposible toda motivación e iniciativa del proletariado, para tomar una mínima parte activa en su organización contra los atropellos que vive a diario.
Dentro de un proceso de crisis capitalista que sólo intensifica más las duras  condiciones para nuestra supervivencia (y que acarrea la misma ola de violencia irracional que azota nuestro alrededor), la pronta conquista de nuestras necesidades inmanentes, deben ser atendidas por nuestra acción organizada como clase, al margen de todo partido político, burocracia o sindicatos reformistas, todos ellos instituciones parasitarias que viven a costa del trabajo productor que realizamos y del que nada nos es retribuido.
Pero que ante  la contundencia y fuerza que como clase trabajadora que se organiza para llegar a impactar al resto del descontento social existente, poniendo en severo riesgo los intereses de la clase que la oprime, resulta lógico sólo esperar la represión estatal (incluyendo del mismo narco, aliado seguro e inseparable del gobierno en una situación así), y es ahí donde las protestas contra la militarización que hoy se puedan realizar, deben tomar un sentido que reivindique la necesidad de abolir a la par las condiciones que generan nuestra marginación, y ello implica refutar la existencia misma del Estado y el sistema Capitalista, suprimiendo éstos, y sustituyéndolos por verdaderas relaciones basadas en  la igualdad y libertad  social : el Comunismo Libertario, como el mayor objetivo necesario para realizar nuestra emancipación. 

La lucha de clases existe!

La unidad y la lucha autónoma e internacional de los trabajadores es la única vía para enfrentar la crisis, enfrentando al sistema que la genera: el capitalismo

¿A qué están condenadas nuestras vidas y cómo se ven afectadas en la sociedad capitalista? A una existencia subordinada a los intereses y las necesidades del Capital que nos evita por completo el desarrollo integral de nuestras propias capacidades en tanto que seres humanos para condenarnos a una vida miserable en la que todo gira en torno al trabajo, dirigido a que produzcamos sin cesar más y más mercancías y al mismo tiempo a consumirlas frenéticamente, lo que tiene por consecuencia la deshumanización radical de las relaciones entre las personas, pues cada vez tenemos una mayor necesidad de trabajar por mucho más tiempo, lo que nos roba el tiempo de convivencia  y esparcimiento con nuestros hijos, amigos, pareja, etc.
La agravación de la crisis capitalista está agudizando aún más la tendencia a una vida miserable a la que estaremos condenados irremediablemente si no luchamos contra este sistema, una vida en la que la frustración y la incertidumbre por un futuro que se vislumbra cada vez más oscuro serán algo con lo que tendremos que convivir día a día y no nos permitirá desarrollar una vida plena y feliz.
El único propósito del capital es incrementar al máximo sus ganancias. Para ello, las empresas buscan reducir lo más posible los costos de producción ¿Qué significa eso para nosotros? Significa jornadas de trabajo más largas y pesadas, ritmos de trabajo más acelerados, salarios más bajos. Significa que al interior de la empresa somos divididos para  echar a la calle a nuestros compañeros de trabajo, y quienes no somos despedidos, somos chantajeados para recibir salarios más bajos y mayores cargas de trabajo. La crisis actual es producto del exceso de mercancías sumado a la baja capacidad de la población para adquirirlas. Y ahora que la crisis se ha profundizado, la burguesía, es decir, la clase patronal, agudiza estas medidas contra los trabajadores.
Hay que tener claro que las crisis son naturales e inherentes al capitalismo y que por tanto, mientras exista el capitalismo, habrá crisis, por lo que se vuelve necesario entender que la única salida que tenemos para dejar de sufrir las crisis, para dejar de estar condenados a una existencia miserable y para dejar de ser explotados, es destruyendo al capitalismo y construyendo un nuevo sistema que nos permita a todos alcanzar el bienestar más amplio en todos los aspectos de la vida. Además, hay que tener en cuenta que el capitalismo por su propia naturaleza está basado en la explotación, con crisis o sin ellas. Otras de las características fundamentales de este sistema son el desempleo, la desigualdad, la miseria y las guerras, por lo que el capitalismo está en contradicción absoluta con los intereses y las necesidades de la aplastante mayoría de la humanidad, por ello es indispensable destruirlo.
Pero, ¿cuáles son los medios para destruir al capitalismo? El único medio es la Revolución Proletaria Mundial contra todos los Estados del mundo y contra todas y cada una de las fracciones de la clase dominante de izquierda o derecha por igual; y esta revolución sólo podrá ser realizada si los trabajadores toman las luchas en sus propias manos. Las mejores armas contra el podrido sistema capitalista son la unidad, la solidaridad, la organización y la conciencia de los explotados de todos los países, del proletariado mundial


En Grecia, Palestina, Israel y todo el mundo el proletariado tiene un mismo enemigo: el capital, representado por todos los Estados nacionales.


En los últimos días el Estado de Israel ha estado bombardeando la ciudad de Gaza en Palestina, lo que ha producido centenares de muertos, esta nueva ola de violencia criminal sobre la población es un ejemplo, en una de sus más crudas expresiones, del carácter asesino de los Estados. Estos actos no son exclusivos de uno u otro Estado, sino que responden a la rivalidad de intereses de los distintos bandos de la burguesía, esas diversas facciones de la clase dominante son quienes azuzan el racismo, el nacionalismo y el fanatismo religioso para dividir y confrontar a los trabajadores, utilizándolos como carne de cañón, para servir sus propios intereses.
La salida para encontrar paz en la región no puede venir de ninguna fracción capitalista ni organismo internacional alguno, pues como hemos señalado antes, la guerra es un elemento fundamental del capitalismo; la solución, para los explotados, está en superar las barreras divisorias promovidas por los explotadores, unificándonos en tanto que clase por encima de cualquier división racial, nacional o religiosa, para enfrentar a los explotadores de uno y otro bando.
Las luchas que se han desarrollado por estos días en Grecia son un ejemplo vivo de la capacidad real del proletariado para reconocerse como clase y hacer efectiva la solidaridad en la lucha contra sus explotadores, reconociendo en el capitalismo la raíz de la explotación y la brutalidad del Estado, llamando a la extensión de las luchas proletarias a nivel internacional.

¡Por la extensión y la generalización de las luchas proletarias en todo el mundo!
Revolucionarios Internacionalistas.


Nota: Este es un volante que ha sido repartido en las ciudades de Monterrey y la Ciudad de México, no pertenece a ningún grupo en específico, es el producto de la coordinación y el acuerdo entre varios militantes revolucionarios de nuestra clase.


Ni guerra entre pueblos Ni paz entre clases

La crisis energética y alimentaria

No importa que la guerra misma no se adivine cercana, ni siquiera posible, las clases gobernantes seguirán invirtiendo las mayores partidas de sus presupuestos en la defensa nacional. Incluso las naciones más insignificantes mantienen ejércitos costosísimos mientras la inmensa mayoría de sus trabajadores y sectores laboriosos permanecen en la miseria. Desde las primeras décadas del siglo XX, los países ricos han invertido inmensas fortunas en la carrera armamentista, cuyo gasto hubiera sido suficiente paramitigar el hambre que padece más de la mitad de la población mundial.


Las frecuentes alzas sobre los precios a los alimentos de la canasta básica, son derivado de las políticas impuestas por los órganos dictatoriales financieros (FMI y Banco Mundial), cuya lógica responde a la actual crisis energética existente, es decir, la llamada escasez de  recursos no renovables como el petróleo y el gas natural.
El problema actual, cuyo nivel es global, ha desencadenado que millones de seres humanos estén padeciendo los efectos catastróficos de dicha crisis, la cual ha sido generada por tres factores principalmente:
1)- El uso de supuestas fuentes de energía alternas extraídas de los alimentos (granos y cereales) para crear combustibles, que por una parte siguen siendo nocivos al medio ambiente, y por otra, desvían las cosechas hacia fines distintos a la alimentación, dando posibilidad a la especulación y manipulación de precios por parte de los propietarios y acaparadores.
2)- El acelerado incremento de la clase media en países como China e India, que ha dado pie ha que esta naciente “sociedad de consumo” esté ansiosa, como es lógico, de consumir mercancías y alimentos acordes al nuevo estatus social al que pertenecen.
3)- Como la demanda del petróleo crece, éste se hace más rentable y su precio se incrementa dado que se está haciendo cada vez más escaso. De esta manera el petróleo adquiere un sobre-valor excesivo. Y a su vez, se convierte en un recurso estratégico para todos los Estados, sean potencias o no, siendo hoy en día un motor que desencadena guerras y genera bastante poder para quienes poseen su control.
Ahora bien, realmente no podemos asegurar a ciencia cierta que las reservas de petróleo estén agotándose, pero lo que sí está claro es que es un recurso limitado, pero no imprescindible, puesto que existen fuentes verdaderamente alternas de energía que no repercuten en el ambiente. Sin embargo, esta afirmación impuesta por los gobiernos de “la escasez” (sea o no verdad), ha desencadenado un aumento de precios en  alimentos y materias primas, representando fuertes ganancias para quienes detentan y acaparan lo indispensable para vivir. Mientras tanto, los gobiernos maquillan la situación con insultantes subsidios a algunos productos, manteniendo al mismo tiempo, su política de salarios precarios y jornadas azotantes.
Es totalmente indignante que las Potencias brinden prioridad al desarrollo de nuevos combustibles -cuyo fin es beneficiar directamente la industria tecnológica y armamentista-, negando el derecho de alimentación de miles de millones.
Por otra parte, el problema alimentario no es meramente sólo una cuestión de cantidad, sino de la mala distribución; en México, los gobiernos han desatendido el problema que concierne a modernizar el transporte y ampliar las bodegas para el almacenamiento, ello da como resultado que en el país se pierdan 800 mil toneladas de alimentos cada año. Aunado a que la agricultura se encuentra sometida al Tratado de Libre Comercio; el campo está en ruina al no poder competir con los productos de importación, conllevando a que miles de campesinos malbaraten sus productos, o en el más común de los casos, abandonen sus lugares de origen emigrando en busca del llamado “sueño americano”.
Queda demostrado que en todo caso, son siempre los pueblos, los sectores trabajadores, los marginados y oprimidos, quienes padecemos las consecuencias directas de las decisiones que se imponen desde arriba, ya sea que vivamos en una dictadura o una democracia liberal siempre estaremos sometidos a los designios del Estado y el capitalismo, traducidos en la obediencia y explotación.  
La guerra; una lógica de los intereses del Estado y del capitalismo
Precisamente, todas las guerras se fundamentan en nacionalismos estúpidos y siempre responden a los intereses económicos y de poder de las minorías explotadoras. Se puede apreciar que tanto la invasión de Estados Unidos contra Irak (como supuesto combate al terrorismo), así como el actual conflicto bélico entre Rusia y Georgia encuentra su origen en el control energético.
En el reciente caso de Rusia y Georgia, más que una cuestión de separatismo e independencia exigida por las provincias de Osetia del Sur y Abjazia a Georgia (país que en su momento perteneció a la ex Unión Soviética), se encuentran de fondo los intereses de Estados Unidos y la Unión Europea, los cuales han brindado su apoyo militar y económico a Georgia. Rusia actualmente provee de una buena parte del gas y el petróleo al resto de Europa, lo que le da políticamente una posición importante, y para asegurar un control total necesita la parte de Osetia del Sur y el Mar Caspio, regiones que hoy se encuentran en Georgia, país donde se ha desatado el conflicto militar que ha costado la vida de  miles de víctimas.
La actuación general de Estados Unidos en la creación y militarización de la Georgia del actual presidente Saakashvili está fuera de toda duda. La forma de la participación concreta en el ataque georgiano a Osetia del Sur es evidente. La política de Estados Unidos en Europa tiene como objetivo impedir que la Unión Europea llegue a tener más poder e independencia. Para ello es crucial fomentar los conflictos entre la UE y Rusia. El escudo antimisiles no es contra Irán, como se afirma, sino contra el entendimiento de la UE con Rusia. Washington utiliza con ese fin a toda una serie de países del antiguo bloque del Este, o ex pertenecientes a la URSS, que por claras y muy comprensibles razones históricas son  antirusos. Estos países están condicionados a trabajar a favor de los intereses estratégicos Norteamericanos en Europa, para cualquier fin; desde el despliegue de misiles, hasta la localización de cárceles secretas de la CIA, enviando tropas a Irak o apoyando propuestas de Washington en diversos foros, desde la OTAN, hasta la ONU, o en el mismo seno de la Unión Europea, en aspectos trascendentales como las relaciones con China o con Rusia. Ucrania y Georgia (con 2000 soldados, tercer país con tropas en Irak, detrás de Estados Unidos e Inglaterra) son piezas importantes en este juego, en el que también participan Polonia, Bulgaria, Rumania, la República Checa y otros.
En el caso particular del conflicto Georgia-Rusia, nos percatamos de que se trata de una especie de prolongación de la “guerra fría” y la antesala a futuras guerras de mayor escala, ya que la polarización está resurgiendo a últimas fechas incrementándose los frentes de lucha, en la que los EEUU, China, Rusia, la Unión Europea y los países islámicos se encuentran como principales actores.
Fuera de todo ámbito simplista y/o reformista que sólo rechaza las guerras sin cuestionar la raíz del problema; desde el anarquismo ubicamos el origen de éstas en la esencia misma de todos los Estados. Cabría preguntar: ¿Existe acaso motivo para situarnos en una posición de apoyo hacia algún bando en todo conflicto belicista, optando estratégicamente por un “mal menor”? No nos engañemos, aquí no existe mal menor, lo más sensato es refutar la idea misma de Estado, que en su naturaleza misma está la necesidad de dominio hacia otos países, la expansión territorial y el aprovechamiento de los recursos de las demás naciones para hacerse así mismo más rico, más poderoso, más Estado. Esta es la razón, y no otra, de la existencia de las guerras. No importa que la guerra misma no se adivine cercana, ni siquiera posible, las clases gobernantes seguirán invirtiendo las mayores partidas de sus presupuestos en la defensa nacional. Incluso las naciones más insignificantes mantienen ejércitos costosísimos mientras la inmensa mayoría de sus trabajadores y sectores laboriosos permanecen en la miseria. Desde las primeras décadas del siglo XX, los países ricos han invertido inmensas fortunas en la carrera armamentista, cuyo gasto hubiera sido suficiente para mitigar el hambre que padece más de la mitad de la población mundial.
Y no está demás recalcar que los ejércitos sirven más como arma de sometimiento nacional que como garantía de defensa nacional. No sólo la policía es el único aparato de sometimiento por parte de los gobiernos hacia los gobernados, sino que también el mismo ejército  está presto para liquidar las rebeliones del pueblo ante las injusticias y atropellos que ejercen sobre él. 

Sólo forjando la acción organizada que encamine a la revolución social, abatiremos lo que nos oprime.


Queda claro que la solución no vendrá por parte de ningún milagro, un Mesías, un caudillo, partido político o gobierno de cualquier índole (sea de centro, izquierda o derecha).
Las crisis que trae consigo este sistema neoliberal golpean mayoritariamente en los países más pobres, es decir, donde las contradicciones entre  clases son más agudas, y a su vez, son países que importan tanto mano de obra como producción para la prosperidad de los países súper-desarrollados. Por ello, es en Asia, África y América latina, donde los efectos secundarios del neoliberalismo dan pie a rebeliones, motines y protestas, cuya continuidad es cada vez más evidente y constante, pero que aún, ni siquiera éstas representan una garantía de que la sociedad avance naturalmente “hacia el derrumbe automático del capitalismo”, como erróneamente creerían muchos optimistas.
No es así, puesto que recae en todos nosotros -como pueblo trabajador- la responsabilidad de aprovechar las coyunturas y las crisis para encaminarlas hacia la construcción de un cambio real que surja desde abajo; de forjar a la vez, aquellas alternativas que nos encaminarán hacia nuestra emancipación de todo yugo explotador, producto de un sistema que tiene por fundamento la propiedad privada (el capitalismo, es decir, el acaparamiento legal de unos cuantos hacia los medios de producción y recursos naturales indispensables para el desarrollo humano) y el principio de autoridad (el Estado, que legitima la explotación,  que posee y tiene la facultad de ejercer el monopolio de la violencia coercitiva contra quienes se rebelen ante el orden social injusto).
Si de antemano estamos convencidos de que el capitalismo se destruye con la expropiación y la socialización de los medios productivos, y que por consecuencia, ello implica derrocar cualquier forma de Estado y de gobierno para alcanzar el máximo de libertad e igualdad, por lo tanto es necesario comenzar a actuar.
De esta manera nos percataremos que nos encontramos frente al engranaje de una maquinaria inmensa y poderosa, la cual debemos abolir; y que por muy inalcanzable que se aprecie a simple vista dicho objetivo, es sólo con lucha organizada fundamentada en la voluntad, acción constante, contundente y coherente (en sus medios y sus fines) como lograremos forjar alternativas que nos lleven a la construcción de relaciones más sanas, destruyendo toda las contrarias relaciones y estructuras jerárquicas actuales donde se encuentra presente la dominación, el servilismo y el egoísmo,  pilares del sistema actual que corrompen y degeneran en base al sometimiento  del individuo. 
Como anarquistas realizamos un llamado a romper con la pasividad, el conformismo y el espíritu conservador cada vez más imperantes en esta sociedad corroída por la avaricia y el poder. Un cambio individual siempre trasciende a lo colectivo, y es de esta manera como históricamente se  da paso a las revoluciones. Y aunque sea un proceso largo y un camino difícil el que deberemos recorrer, si realmente aspiramos a ser nosotros mismos y conservar nuestra voluntad e integridad como personas no tenemos otra  vía más que luchar.

Privatizar o No


El debate nacional en torno a la Reforma Energética es una mamarrachada más del sistema democrático parlamentario que cae sobre nuestras cabezas. Socarrona simulación que pretende hacernos creer que en esta sociedad todos somos parte activa en las decisiones trascendentes que definirán los rumbos de este país.
Debate donde el ciudadano común vale un cero, porque esta discusión que se dice “nacional” sólo se desarrolla en las altas esferas ignorando las posiciones del simple ciudadano de a pie. ¿Acaso se nos ha solicitado nuestra opinión? ¿se ha abierto el espacio para la realización de un debate donde el pueblo directamente pueda participar? No.
Todo se maneja desde arriba y desde ahí llegará la imposición de las resoluciones. Para que luego los políticos se coronen adulando al pueblo por su (según ellos) activa participación.
La falaz democracia ejerce referendums llamados "consultas ciudadanas", además de un debate nacional donde las únicas voces que se oyen son las de una ínfima minoría compuesta por la clase política, los empresarios y los intelectos oficialistas. Demás está decir que cada componente está predispuesto y que el “gran debate”  se reduce a una exposición estéril puesto que será en las Cámaras donde se aprobará o no dicha Reforma.
Esta jugada política que decidirá el futuro de los energéticos, hoy en manos del Estado, está protagonizada por los actores de siempre; la izquierda que defiende la “soberanía” y desea que la empresa siga en manos de los gobiernos en turno, la derecha que con sus aires de progreso intenta, desde la voz presidencial, que la iniciativa privada invierta en tecnología y que vaya por nuestro “tesoro” que nos salve de nuestra ruina.
Ocultándonos sus intereses cada cual lanza su propaganda mediática en pro de su verdad; privatizar o no, esa es la cuestión en turno.
La extensa gama de la izquierda, aparte de la oficial (PRD), ha tomado posición en contra de la privatización, ven, no sin razón, una mala movida más del neoliberalismo depredador que solicita al gobierno mexicano su reciprocidad.
De acuerdo a su ambiguo credo nacionalista-estatista la gran parte de las corrientes de izquierda y populosas se han plegado a la defensa de lo que es de los mexicanos, o dicho sin eufemismos patéticos, de lo que le pertenece y controla el Estado.
Una vez más el terreno confuso nos sitúa entre el capitalismo rapaz, por un lado; o el Estado controlador/popular por el otro. ¿Cual elegir?, ¿adónde tirar?
No nos engañemos, en esta situación tan complicada muchos libertarios están perdiendo de vista el escenario completo y sólo dirigen sus ojos y críticas a uno de los integrantes del dúo timador. Quizá porque la privatización pueda significar mayor desigualdad económica y más privilegios o porque la euforia de la masa popular esté aturdiendo nuestro análisis del dilema presente.
Es necesario profundizar sobre el tema, ser coherente con nuestro ideario y así no dejarnos desorientar por el ruido mediático del momento, entenderemos que de una u otra forma, cual sea la decisión, el pueblo trabajador mantendrá sus condiciones de explotación y las aspiraciones revolucionarias permanecerán diluidas.

El otro lado de la moneda

Sin duda el petróleo significó todo para el siglo XX, sin éste varios avances, transformaciones, progresos y catástrofes no hubiesen ocurrido. Se consolidó como principal energético y materia prima, fue el gran leño que reavivó la llama del capitalismo, mucho más que eso; fue el motor de la sociedad capitalista y también de los regímenes “socialistas” en su voraz competencia por sobrepasar las expectativas de dominio.
Este recurso fue imprescindible para mantener la fuerza del Estado y el desarrollo de las naciones. Al día de hoy no ha perdido importancia (la guerra en Irak lo demuestra).
Hay varias formas de gestionarlo; por empresas privadas, por el Estado o alternadamente. De una u otra forma cumple su función de sostener el estatus de vida moderno. Al gestionarlo los capitalistas los privilegios se reparten entre la elite adinerada, pero siempre desde una inspección cercana de los gobiernos. Cuando el Estado se hace cargo del recurso las burocracias, dirigentes sindicales y políticos en turno salen beneficiados. Las ganancias son utilizadas para financiar los proyectos del Estado y mantener la “seguridad social”. En pocas palabras sostener de pie al Estado o bien al mismo sistema capitalista.
En el caso de México el Estado encontró en la Industria Petrolera su fuente inagotable (eso creen) de riqueza que les garantizaría de alguna manera la estabilidad de su funcionamiento.
En 1939 el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo, con este acto evaporizó la fragmentación social que se generaba desde años atrás, elevó su popularidad a niveles soñados, proveyó de gasolina (metafóricamente) a su gobierno que marchó dando desplantes de progresismo y desarrollo, lo cual posibilitó (pues con el pueblo felizmente en su bolsa) la consolidación del sistema presidencialista, el poder de partido y una de las maniobras más interesantes de la historia del país: la corporativización (método fascista por el cual se somete y controla a la sociedad a los designios del Estado), dividiendo a la población en los famosos sectores (obrero, campesino, popular y militar) que mediante relativas prestaciones pasarían a ser ejecutores de los intereses gubernamentales.
El petróleo a manos del Estado, superficialmente, significa que con sus ganancias se contribuirá al mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo, eso es teoría barata. La verdad es que seguirá siendo aprovechado como sostén del aparato Estatal y sus instituciones.
Sin embargo la paraestatal está condenada a un desempeño mediocre en manos de la burocracia corrupta y parasitaria, además el petróleo se está acabando y las organizaciones neoliberales presionan. Eso explica las razones del gobierno de derecha.
¿Qué posición tomar como libertarios? Debemos ser claros; estamos en contra de la propiedad privada de las industrias, fábricas, campo, recursos naturales, etc. que representen el enriquecimiento de unos cuantos privilegiados sean nacionales o extranjeros, por eso condenamos la privatización; pero al igual nos oponemos a la propiedad y gestión  Estatal de los bienes que sustentan el mantenimiento del control y la opresión de una elite en el poder sobre la clase productora y legitima el sentimiento de dependencia del pueblo a su divinidad Estatal. Por eso negamos el ridículo cuento de “defender la patria”, la “soberanía”, lo que es “del pueblo”. Nosotros no somos dueños de nada, de ahí quizá recibamos algunas limosnas, pero esas limosnas son las que remachan nuestras cadenas.
¿Optar por el mal menor? Aquí no existe mal menor, elegir entre la explotación capitalista o la opresión Estatal es estar en incongruencia con lo que creemos.
Lo que realmente significaría algo (aunque aún nuestra voz sea tan marginal) es clarificarle a los oprimidos y explotados el circo montado y presentarles las posibilidades de transformación real, difundir entre ellos los valores ácratas y hacer énfasis en la autonomía y la autogestión de la clase trabajadora. Bregar por lo que realmente vale la pena y no subirnos al bus de las polémicas politiqueras que no hacen más que ahogar nuestra conciencia. Veamos claro y obremos con coherencia.
Y las alternativas frente al embate globalizador y neoliberal, puesto que será el directamente afectado, es el PUEBLO –los sectores trabajadores y los sectores marginados- quienen tienen consigo la responsabilidad y necesidad inmediata de organizarse desde abajo para defender lo poco de que dispone, y aún más, para arrebatar por la fuerza a los dueños que detentan la riqueza social (empresarios, patrones, caciques y burocracias, tanto a nacionales como extranjeros) los medios de producción y recursos naturales. lo que el corresponde por derecho. No será de otra manera puesto que de ningún modo, los poderosos abandonarán su posición de privilegio y opulencia; Siempre avanzando hacia delante, sin forjar esperanzas, creencias o seguimiento en algún líder, gobierno o partido político (sea del color que sea) en pro de la abolición de clases sociales y el aparato Estatal.

La única manera en que el pueblo progresará por si mismo será cuando se ponga de pie, haciendo de lado los estúpidos prejuicios egoístas y autoritarios que les ha implantado el Estado mediante su educación de servilismo, la cual solo ha generado discordia entre las personas del pueblo para que estas no se organicen y construyan sus propias aspiraciones mediante una lucha contundente. Solamente confiando en nuestra voluntad y capacidad creadora, lográremos alcanzar metas aparentemente imposibles, rebasando las expectativas de todo planteamiento autoritario, que supone la imposibilidad de organizarse y convivir sin patrones ni gobiernos.     

EL ALZA DE PRECIOS A LA CANASTA BÁSICA; UN GOLPE DEL CAPITALISMO



Las recientes revueltas sociales y disturbios que en los últimos meses han tenido presencia en países como Haití, Marruecos, Indonesia así como muchos otros de Asia, África y América Latina; no han sido sino el producto de la inconformidad popular ante las políticas económicas del neoliberalismo y sus sistemas “democráticos” que han ocasionado el alza de precios en más de 40 productos alimenticios, agudizando cada vez más, las condiciones marginales de pobreza y precariedad para los pueblos que se encuentran bajo el dominio de los mandatos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, así como de los gobiernos que los sustentan.
Es curioso el hecho de porque los países con gran potencial productor de granos (arroz y trigo), repentinamente, ahora afrontan una escasez según la ONU. Si bien, ello ha obligado a dichos países productores a exportar menos. Otros factores son los altos precios del petróleo y los costes de transporte, la creciente demanda, la especulación sobre productos básicos, las plagas del sureste de Asia, una sequía en Australia que dura ya diez años, las inundaciones en Bangladesh y otros lugares, una ola de frío en China que se alarga ya 45 días, y otros factores naturales que en mayoría han sido manipulados, como el desvío de cosechas para dedicarlas a producir biocombustibles, se han combinado para crear una creciente crisis mundial que traerá severas consecuencias para los más pobres (y que desde luego, México no escapa a dicha crisis). Se produce también en un momento en que millones de chinos e hindúes tienen ingresos más altos, cambian sus hábitos alimenticios y consumen más carne, pollo y otros productos cárnicos que provocan demandas inmensas de producción de grano.
Gran parte de las cosechas han sido desviadas hacia la creación de “alternativas” al petróleo para producir combustibles “orgánicos”. La idea de obtener combustible de las materias orgánicas ha estado dando vueltas en la mente de algunos desde la época de los primeros coches, pero sólo recientemente ha empezado a considerarse en serio. Como se fabrican a partir de plantas o subproductos animales (renovables), los bio o agrocombustibles se han vendido (falsamente) como una solución a la cada vez mayor escasez de energía con un supuesto inmenso beneficio añadido, con la insensata idea de que son limpias y verdes sin todas esas cuestiones molestas relacionadas con los combustibles fósiles. Lo cierto es que las consecuencias son fatales, tales como el destrozo de las selvas tropicales, la reducción de las reservas acuíferas, el exterminio de las especies además de producir muchas más emisiones de gases invernadero que las que ahorran y también requieren grandes cantidades de fertilizantes a base de petróleo, que contaminan aún más.
Los agrocombustibles destruirán el desarrollo rural. Los pequeños campesinos se verán obligados a dejar sus tierras y lo mismo les ocurrirá a otros miles en comunidades que tendrán que hacer sitio a las Grandes del Petróleo, a los negocios y tecnología agropecuarios, que llegarán y se apoderarán de inmensos beneficios destinados a los multimillonarios.
Al desviar cosechas de este modo, los precios se han disparado y cinco gigantes del “Agro biotecnológico” se están aprovechando de ello: Monsanto, DuPont, Dow Agrisciences, Sygenta y Bayer CropScience AG. Su solución: convertir todas las cosechas en Transgénicos, vendiéndolas como medio para incrementar la producción y reducir costes, y proclamando que esa es la solución al alza de precios y al hambre del mundo.
En realidad, el poder agropecuario aumenta los precios, controla la producción para mantenerla alta y el principal objetivo detrás de la actual situación es la conversión de las tierras de labranza en fábricas de biocombustibles. Produciendo menos para alimentación y aumentando la demanda mundial de alimentos, los precios suben y la rampante especulación de artículos básicos de consumo exacerba el problema con comerciantes encantados de poder sacar inmensos beneficios. Es un problema de la riqueza social desde hace décadas: de la mayoría mundial a una elite de unos pocos. Mientras la tendencia continúe, es sostenible y funciona porque los gobiernos lo apoyan. Subvencionan el problema, suavizan las normativas, dejan libertad absoluta a las empresas y sostienen que los mercados funcionan mejor dejándoles a su aire. Así sean democráticos, de izquierdas, liberales o derechas, los gobiernos siempre estarán a merced de los dictados del capitalismo, no existe forma alguna de romper la complicidad entre gobernantes y capitalistas.
La crisis haitiana es tan extrema que ha forzado a la gente a comer (no alimentos) galletas de barro (llamadas “pica”) para aliviar el hambre. Es un desesperado remedio haitiano hecho de barro seco amarillo que proviene de la meseta central del país para aquellos que pueden permitírselo. No es gratis. Ahora, ante la crisis alimentaria, los haitianos han salido a la calle a protestar porque el pasado año se habían triplicado los precios de los artículos de primera necesidad, y tienen un presidente, un primer ministro y un gobierno que no hacen prácticamente nada para remediarlo. Durante días, se les vio por todas partes, por todo el país, y eran miles. Protestaron en Puerto Príncipe, llevando platos vacíos para expresar su espantosa situación, rompieron las ventanas de edificios y coches, asaltaron las tiendas, buscaron comida, intentaron asaltar el palacio presidencial, gritaron “tenemos hambre” y exigieron la dimisión del Presidente René Preval.
Los Cascos Azules de Naciones Unidas (MINUSTAH) respondieron cruelmente de la forma que lo hacen siempre contra las manifestaciones pacíficas o de protesta. Dispararon y mataron al menos a cinco haitianos (algunas informaciones dicen que fueron más), hirieron a muchos otros y eso sólo en el centro de Puerto Príncipe. Es algo ya familiar en Haití. La rabia ante la injusticia se va incubando y explota sacando a los haitianos en masa a la calle contra condiciones intolerables de vida que se han ido agravando por una ocupación represiva y odiada de Naciones Unidas. Están allí para proteger los privilegios, no para asegurar la paz.
Por su parte, el Banco Mundial planea enviar 10 patéticos millones de dólares de “ayuda de emergencia” para un país en el que alrededor de ocho millones de personas se mueren de hambre. También planea duplicar “hasta” 800 millones de dólares sus préstamos agrícolas a África para el próximo año, y con eso lo único que conseguirá será que una mala situación empeore. Irá destinado a naciones gravemente endeudadas, incapaces, como consecuencia, de proporcionar alimentos a su pueblo; pero la política del Banco Mundial siempre va en la dirección contraria a lo que esos países necesitan.
La situación es tan grave que las protestas pueden estallar por doquier y en cualquier momento, y los países ricos, incluidos los EU, no son inmunes. La pobreza en el país más rico del mundo crece y organizaciones como el Economic Policy Research (CEPR) y el Economic Policy Institute (EPI) así lo documentan. Están informando de la existencia de clases marginadas (cada vez más numerosas), alrededor de 37 millones de personas con salarios miserables, y aseguran que las estadísticas oficiales subestiman el problema. Indican que se está abriendo un abismo sin precedentes entre ricos y pobres, una clase media agonizante y cada vez más millones de seres inmersos en la extrema pobreza.
Da para mucho que hablar la creciente crisis cuyos efectos nocivos ya son conocidos de antemano en nuestro país,  el descontento comienza a tener presencia, a pesar de la manipulación ejercida por medios de comunicación y partidos políticos, cuyo propósito es mantener en estado de idiotez total a la masa popular, haciéndola confrontar en banalidades, odios y esperanzas estúpidas, creyendo que suplicando a nuestros “supuestos representantes” y depositando un voto en una urna, dará solución a sus problemas.
Nuevamente, el neoliberalismo y su “democracia representativa” son aves de rapiña que se instauran para maquillar la explotación con un supuesto ambiente de libertades y derechos, pero que en realidad, hacen inofensivo todo descontento e inconformidad por tener estos: “cabida en la legalidad”. Esta farsa se derrumba en las contradicciones que se viven hoy en día, y cuyo futuro pronostica revueltas sociales que adquieran una fuerza cada vez mayor capaz de amenazar a los grandes capitales internacionales.   
En cuanto a la destrucción del Estado y el Capital, sabemos que estos no se colapsarán por si solos sino cuando el pueblo (y todos los pueblos) se disponga a destruirlos y a no edificar dichos sistemas jamás. Mientras el pueblo conserve la idea de la necesidad de jefes, mandamases y patrones para realizar sus aspiraciones, seguirán en pie las desigualdades y las injusticias.
Y aunque sabemos de antemano que es insuficiente la presencia de inconformidad en sectores dispersos de la población (tal como ha pasado en las derrotas de Atenco y Oaxaca), puesto que este se ve trabado por el oportunismo de grupos e individuos que buscan beneficiarse de estos movimientos, y cuyos intereses son ajenos a las necesidades reales del pueblo. Es nuestro deber como anarquistas, persuadir e incidir en todos los movimientos contestatarios, revolucionarios o que pueden llevar a una revolución, con el fin de expandir el principio de autonomía en las luchas sociales, y no se vea perdido en el oportunismo.
A sabiendas que las miserias y estragos generales que padecemos como sectores trabajadores, marginados, oprimidos o desempleados, solo serán barridos con un fuerte movimiento organizado encaminado a una revolución social, la cual barra con todas las instituciones y estructuras de dominación y explotación (el Estado y la burocracia, el Capitalismo y la patronal). Y que a su vez, dicha revolución, sea capaz de construir relaciones sociales más sanas contrarias a las de egoísmo actual; las cuales estén basadas en la solidaridad, el apoyo mutuo, la autogestión, la libertad de iniciativa y desarrollo de nuestras capacidades creadoras. Esta revolución es posible forjarla desde ahora, sin necesidad de recurrir a una figura de autoridad, de líder o cualquier otra persona que busque imponer su voluntad sobre nosotros.